miércoles, 7 de septiembre de 2011

cincuenta y nueve.

Fuera de mi ventana sólo veo coches veloces, motos alocadas, que dejan el tráfico atrás. He aprendido una pequeña verdad, el mundo te quiere rápido para que llegues a tiempo, te quiere veloz para recordar sólo el sonido de tus pasos y es por eso que, cuando te acuerdas que no vas a ningún lado, aceleras.