domingo, 26 de junio de 2011

doce.

Puede que no sea rubia, que no tenga ojos azules o claros, que no tenga tipazo, que no me guste el helado de vainilla o las aceitunas. Puede que no sepa bailar bien, que no tenga talento para el tango, que no me guste la música clásica. Puede que sea desordenada y un desastre, que pierda las cosas y las encuentre cuando ya no me sirven. Que me caiga con regularidad o tropiece continuamente, que me tengan que vendar un pie por un accidente muy absurdo, puede que no sepa controlarme demasiado cuando bebo, que me altere la coca-cola y puede que me ilusione demasiado. Puede que le de demasiada importancia a cosas absurdas, que no me guste que me besuqueen, puede que deteste la ensalada o adore la sopa. Puede que siempre se me olvide cómo se juega al poker, o que sea mala al ajedrez o a las damas; puede que sea una cantosa, que grite al hablar y encima lo haga rápido. Puede que no tenga buena letra, que sea mala con las mates y la física, que odie los números y que necesite los dedos para sumar 7 y 13. Puede que no me sepa el número de mi móvil, y que no sepa poner los acentos en francés; puede que lleve aparato y que no sea perfecta. ¿Y qué?, ¿quién lo es? Yo soy feliz tal y como soy.